Las habitaciones han sido mucho más que un sitio para dormir.
Han sido un sitio para amar, soñar, vivir o incluso temer, tener pesadillas o lamer nuestras heridas.
Creo que mucha gente no le da la importancia que debiera al lugar en el que pasará más horas de su vida que en ningún otro.
Y sin embargo otra gente le da mucha más importancia de la que merece y se gastan auténticas burradas en seguir estrambóticas teorías que hablan de líneas de energía para situar la cama en un sentido, o en el otro.
Creo que es más importante aprovechar bien el espacio... y la luz que en preocuparse de si el cabecero de la cama sigue el sentido de una constelación.
Hazla cómoda. Hazla bonita. Y hazla tranquila. Con eso, duermes como un bendito... o una bendita.
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